Los estudios arrojan nueva luz sobre los orígenes de la población canaria

El Congreso de los Diputados publicó el jueves las declaraciones de patrimonio de los legisladores votados en las elecciones generales del 28 de abril. Los estados incluyen información detallada sobre los ingresos, los activos y la deuda de los funcionarios públicos. Once diputados no presentaron su información a tiempo para que fuera publicada en la página web del Congreso, entre ellos Marcos de Quinto, del centro-derecha Ciudadanos, que tiene más de 50 millones de euros en activos, según su partido.

Aquí están las cifras de los miembros del gobierno y de algunos de los principales legisladores españoles.

Los estudiosos admiten que la historia de las Islas Canarias antes de ser conquistada en el siglo XV por los europeos sigue siendo uno de los mayores misterios de la arqueología española.

La comunidad científica está dividida sobre el tema; de hecho, ni siquiera pueden ponerse de acuerdo sobre cuándo llegó aquí la primera oleada de gente. Pero arqueólogos, historiadores y genetistas han dado pasos importantes en su búsqueda para descubrir los orígenes de los modernos habitantes del archipiélago español.

Estudios realizados por Rosa Fregel, genetista del departamento de Bioquímica, Microbiología, Biología Celular y Genética de la Universidad de La Laguna, muestran que, dependiendo de la isla, una gran parte de la población todavía lleva ADN mitocondrial (heredado de la madre) de la población original.

José Farrujia de la Rosa, arqueólogo que enseña en la misma universidad y autor de un libro reciente titulado Identidad canaria, también arroja nueva luz sobre los principales secretos de una civilización cuya presencia material casi ha desaparecido, aunque no su impacto. Farrujia de la Rosa recuerda que los habitantes originales tenían dos guiones diferentes, que llegaron en dos olas separadas desde el norte de África, y que carecían de caballos o bueyes ya que sus embarcaciones eran demasiado pequeñas para transportar estos pesados animales.

Todo comenzó con un tipo de liquen conocido como orchilla, que se usaba para hacer un tinte púrpura que tenía una gran demanda de ropa. A principios del siglo XV, un noble normando llamado Jean de Béthencourt obtuvo el apoyo de Enrique III de Castilla para conquistar aquellas islas lejanas, cuya presencia se había documentado al menos desde los tiempos del historiador romano Tito Livio. Se produjeron brutales enfrentamientos culturales y militares entre la población indígena y los castellanos, y se necesitaron casi 100 años de lucha para tomar posesión de las siete islas.

Y así la cultura indígena se hundió en las nieblas de la historia. Entre los siglos XVI y XX surgieron varias teorías sobre los orígenes del pueblo canario. Algunos de ellos afirmaban tener ascendencia celta, mientras que otros afirmaban que sus orígenes eran indoeuropeos.

Pero las investigaciones arqueológicas y basadas en el ADN han demostrado que los primeros habitantes de las Islas Canarias fueron bereberes (también conocidos como amazigh), un pueblo que se extendió por todo el norte de África hace más de 3.000 años, ocupando lo que hoy es la zona desde Libia hasta el Sahara.

En un artículo publicado en la página web de la Universidad de La Laguna, Fregel explica que es posible determinar que la población mundial de Canarias tiene un linaje matrilineal aborigen del 55,9%, mientras que los componentes europeo y subsahariano son del 39,8% y 4,3%, respectivamente.

Pero los resultados varían considerablemente tomando cada isla por separado. Las mayores tasas de origen indígena se dan en La Gomera (55,5%) y La Palma (41,0%), mientras que las más bajas se dan en Tenerife (22,0%) y El Hierro (0,0%).

En su artículo, Fregel añade que «gracias al análisis de ADN, hemos podido disipar la idea de que los guanches[nombre dado a los habitantes originales de las islas] eran prácticamente vikingos: altos, rubios y de ojos azules. Todo indica que procedían del norte de África y eran físicamente similares a los bereberes: piel blanca con tendencia a la tez olivácea, y ojos marrones que en algunos casos podían ser de color claro. A pesar de los tópicos y leyendas, los antiguos habitantes de las Islas Canarias no eran tan diferentes de los actuales».

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