Los peces que atacaron a una mujer en Alicante son comunes en toda la Costa Cálida

El anjova raramente pica a los seres humanos, pero se acerca a la orilla durante el verano.

Tras la grave lesión sufrida por un bañista en la playa de El Rebollo, en la Costa Blanca meridional, el miércoles, cuando fue mordido por un pez, se ha confirmado que la especie que se cree que es responsable del ataque es el pez azul (Pomatomus saltatrix), un ejemplar que fue capturado por los socorristas en la playa hacia las 13.00 horas del jueves.

En general el anjova no ataca a los seres humanos, pero es un depredador feroz de otros peces más pequeños tiene dientes triangulares afilados dispuestos como una sierra, 15 o 16 de ellos en la mandíbula superior y entre 18 y 20 en la inferior. El Mediterráneo es uno de sus hábitats naturales, por lo que su presencia en la Costa Blanca no debe sorprender, y la fuerza de su mordedura es bien conocida por los pescadores, ya que puede cortar anzuelos y líneas de pesca con poca dificultad.

Los peces adultos suelen crecer hasta una longitud de entre 60 y 80 centímetros, aunque se han capturado algunos ejemplares de más de un metro, y aunque generalmente viven en aguas profundas, se acercan a la costa en verano para alimentarse de otros peces más pequeños.

Fernando de la Gándara, director del Centro Oceanográfico de Murcia, ha informado hoy a Murcia que la salitrera Pomatomus saltatrix está muy extendida en el Mediterráneo frente a la costa murciana, e incluso se puede encontrar a la venta en las lonjas de pescado bajo el nombre de «pez golfar» o «pez pasador». Curiosamente, en la Comunidad Valenciana se le conoce a veces como «talahams» (o cortador de anzuelos) por su hábito de escapar de la captura mordiendo los anzuelos de los pescadores.

Sin embargo, la Hna. de la Gándara también quiere destacar que incidentes como el de La Marina son extremadamente raros. Ciertamente es posible que los anjovas den un mordisco muy desagradable, y en cierto modo es desafortunado que su proximidad a la orilla coincida con la época del año en que más seres humanos salen al agua, pero el incidente del miércoles y otro similar en julio no debe tomarse como un indicio de que hay una invasión repentina de anjovas asesinos a lo largo de la costa sureste de España.

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