Una perla para apreciar en la Costa Blanca

A pesar de que muchas pequeñas ciudades de la Costa Blanca han sido devastadas por las inundaciones, Benijofar ha mejorado un poco y ha participado en la asistencia a sus vecinos, especialmente a los vecinos de Rojales.

Como tantos otros pueblos de la zona, este pequeño asentamiento puede agradecer a la ocupación árabe su nombre, que traducido del árabe significa Hijo de una Perla, y en gran medida es una descripción exacta de la ciudad, que cuenta con una población registrada de unas 4.000 personas.

Sus raíces se remontan a la Edad del Bronce como un pequeño pueblo cercano al Río Segura que posteriormente se benefició del ingenio romano, permitiendo la introducción de canales de irrigación, ruedas hidráulicas y esclusas.

En el siglo XVI se le consideraba parte de Orihuela, pero más tarde obtuvo un importante elemento de autogobierno gracias a una ley ahora oscura, el privilegio alfonsino, que la convirtió en un municipio independiente en el corazón de la provincia de Alicante.

Desde entonces ha seguido siendo una comunidad agrícola y, hasta la actualidad, todavía existen varias fincas y fincas dedicadas a la producción de frutas y hortalizas.

A lo largo de los años, ha sido testigo de un buen número de desastres naturales con un devastador terremoto en 1829 que destruyó varias casas y la iglesia parroquial local, pero como muchas otras ciudades de la zona, fue reconstruida por José Larramendi y Eugene Fourdinier.

El pueblo creció en prosperidad, utilizando el agua del Segura para regar la tierra aunque sufrió varias inundaciones a lo largo de los siglos, siendo el peor de estos desastres naturales el de 1957, cuando el río se desbordó, casi destruyendo Benijofar y matando a una serie de lugareños.

Este último problema, aunque preocupante y económicamente perjudicial para muchos, no fue el verdadero desastre para la ciudad que podría haber sido y se espera que las cosas vuelvan a la normalidad en Benijofar en las próximas semanas, ya que los residentes no sólo cuentan sus bendiciones, sino que muestran solidaridad y ofrecen ayuda a las ciudades vecinas que sufrieron mucho más.

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