Pagar el supermercado, reservar un hotel, comprar un billete de avión o hacer una compra online son gastos habituales. La diferencia es que, dependiendo de la tarjeta utilizada, algunas de esas operaciones pueden generar también puntos que posteriormente se transforman en recompensas.
Es el funcionamiento básico de las tarjetas asociadas a programas de fidelización: aprovechar determinados pagos que ya forman parte del día a día para acumular una moneda de recompensa. Un ejemplo son las tarjetas de Iberia Cards, vinculadas al ecosistema de Iberia Club y que permiten acumular Avios mediante compras elegibles. Durante años, la única forma de acumular Avios era volar; hoy una parte del gasto que ya tenías previsto —la compra semanal, el carburante, una reserva de hotel— puede generar Avios al pagarla con una de estas tarjetas, siempre que la operación cumpla las condiciones aplicables.
¿Qué son las tarjetas que acumulan puntos?
Son tarjetas que incorporan un programa de recompensas asociado a determinadas operaciones. Cada vez que se realiza una compra que cumple las condiciones establecidas, se genera una cantidad de puntos según las reglas del producto contratado.
El resultado es que compras que se iban a realizar igualmente pueden aportar una recompensa adicional. Aquí está también una de las claves para utilizar correctamente este tipo de productos: los puntos deberían ser una consecuencia de la compra y no el motivo para comprar. Gastar más únicamente para aumentar el saldo acumulado puede terminar anulando cualquier ventaja obtenida.
No hace falta volar mucho para que compense
Existe la idea de que una tarjeta vinculada a un programa aéreo solo tiene sentido para quien pasa media vida en un avión. El planteamiento actual de estos productos es distinto: la mayor parte de la acumulación no procede de los vuelos, sino del gasto corriente. Quien vuela dos veces al año y canaliza por la tarjeta su gasto habitual puede acumular más Avios por sus compras que por sus billetes.
Con Iberia Cards, por ejemplo, un titular con 1.000 euros mensuales de gasto general (supermercado, gasolina, suscripciones y ocio) generaría al año entre 4.000 y 5.000 Avios de tarjeta con Aire o Icon —suficientes para un vuelo de ida y vuelta peninsular pagado con Avios cada dos años, excluyendo tasas—, simplemente cambiando la tarjeta con la que paga. Con Icon+ serían entre 6.000 y 7.000 Avios al año, y con Zenit 12.000. Es una simulación considerando ratios generales de uso de cada tarjeta y alguna compra en partners del ecosistema viajes, con la compra de billetes la cifra podría aumentar significativamente.
¿Todos los pagos generan los mismos puntos?
No necesariamente. Hay tarjetas que ofrecen una cantidad de puntos por cada euro gastado, pero ese ratio puede cambiar dependiendo de dónde se realice la compra. En Iberia Cards, Aire e Icon dan 1 Avios por cada euro en Iberia y otras compañías de IAG, 1 Avios por cada 2 euros en determinados partners y viajes, y 1 Avios por cada 3 euros de gasto general. Icon+ mejora el gasto general hasta 1 Avios por cada 2 euros; Zenit da 3 Avios por euro en Iberia e IAG y 1 Avios por euro en el resto.
Esto significa que dos personas que gasten exactamente la misma cantidad durante un mes podrían obtener resultados distintos dependiendo de cómo hayan distribuido sus compras. Por eso, para valorar una tarjeta de puntos no basta con fijarse en el ratio más elevado: lo útil es analizar cómo encaja con los gastos habituales de cada persona.
Los Avios de tu tarjeta y los de tu vuelo no son lo mismo
Iberia Cards maximiza la generación de Avios en dos frentes: los que genera la tarjeta son incrementales a los que ya da el programa Iberia Club por volar, y los productos de gama media y alta —Icon, Icon+ y Zenit— dan acceso a un nivel más alto dentro de Iberia Club (Plata las Icon, Oro Zenit), con lo que también sube lo que el programa da por volar.
Todos los Avios acaban en el mismo saldo, pero conviene no confundir su origen: los que se generan al pagar una compra elegible con la tarjeta son una capa distinta de los que se obtienen por volar dentro de Iberia Club.
El tipo de tarjeta también importa
Dentro de un mismo catálogo pueden existir diferentes tarjetas porque tampoco todos los usuarios tienen las mismas necesidades. Algunas propuestas están orientadas a quienes buscan principalmente generar puntos a partir de sus gastos cotidianos; otras incorporan servicios adicionales relacionados con viajes, seguros, pagos en moneda extranjera o determinadas ventajas en aeropuertos.
Esto explica por qué comparar únicamente cuántos puntos genera cada tarjeta ofrece una imagen incompleta. También deberían tenerse en cuenta aspectos como:
- La cuota asociada a la tarjeta.
- Los ratios de acumulación según cada tipo de compra.
- La modalidad de pago.
- Los seguros incluidos y sus condiciones.
- Las condiciones para realizar pagos en otras monedas.
- El uso real que se hará de cada beneficio.
Una ventaja que nunca se utiliza aporta poco valor, por muy atractiva que resulte sobre el papel.
¿Merece la pena acumular puntos con las compras cotidianas?
Depende principalmente del comportamiento del usuario. Si parte de las operaciones que ya se iban a realizar puede generar puntos sin modificar los hábitos de consumo, la recompensa se convierte en un beneficio adicional. La situación es muy distinta si se empiezan a realizar compras innecesarias únicamente para aumentar el saldo.
La primera regla debería ser, por tanto, mantener el presupuesto: primero se decide cuánto puede gastarse y qué se necesita comprar, y después se analiza si existe una forma de pago que permita obtener alguna ventaja por esa misma operación. Invertir ese orden puede convertir un programa pensado para recompensar el consumo en un incentivo para gastar por encima de las posibilidades personales.
Puntos y financiación son cuestiones diferentes
También conviene separar dos conceptos que a veces aparecen juntos al hablar de tarjetas: las recompensas y la financiación. Que una compra genere puntos no significa que aplazar su pago resulte automáticamente conveniente. Antes de utilizar cualquier modalidad de financiación es necesario conocer sus condiciones, comprobar si existen intereses o costes asociados y valorar si el pago encaja en el presupuesto. Acumular y financiar son dos decisiones distintas y deberían valorarse por separado.
Cuatro preguntas antes de elegir una tarjeta de puntos
¿En qué gasto normalmente mi dinero? Permite comprobar si las categorías en las que se obtiene una mayor acumulación coinciden realmente con los hábitos personales.
¿Voy a utilizar las recompensas? Acumular miles de puntos tiene poca utilidad si el programa al que pertenecen no ofrece opciones que resulten interesantes para el titular.
¿Qué coste tiene la tarjeta? Una recompensa debe valorarse junto con las cuotas y el resto de condiciones del producto.
¿Cambiaría mis hábitos para conseguir más puntos? Si la respuesta es sí, conviene revisar el planteamiento. El objetivo debería ser aprovechar los gastos existentes y no crear otros nuevos.
Una recompensa por gastos que ya existen
Las tarjetas que acumulan puntos han introducido una lógica diferente en los programas de fidelización. Ya no es imprescindible esperar a tomar un avión para generar recompensas: algunas operaciones habituales pueden contribuir también a aumentar el saldo.
Eso no convierte automáticamente a estas tarjetas en una opción adecuada para todo el mundo. Su utilidad dependerá del coste del producto, de las condiciones de acumulación y, sobre todo, de los hábitos de cada usuario. La clave está en utilizarlas dentro de un presupuesto controlado, porque la forma más razonable de conseguir puntos no es buscar nuevas razones para gastar, sino obtener algo adicional de aquellos gastos que ya se iban a realizar.
