junio 21, 2024
elegir un buen jamón

Cómo elegir un buen jamón

El jamón es uno de los alimentos más nuestros, que además es apreciado alrededor del mundo. Escoger uno bueno es importante para disfrutarlo a plenitud.

La gastronomía española es famosa en el mundo entero, tanto por su calidad como por los ingredientes que se utilizan. Uno de ellos sin duda es el jamón, una joya muy nuestra que hoy se pone en las mesas más elegantes. Nada como un buen plato de jamón para hacer que los comensales disfruten al máximo de la experiencia. Siempre y cuando se trate de un jamón de buena calidad, ya que no todos son iguales y es importante saber distinguirlos. La firma Moniberic da algunas pautas para diferenciar un gran jamón de uno de menor calidad.

Forma de la pata

La forma que tiene la pata de jamón indica a primera vista si se trata de un producto ibérico o de un jamón blanco. El jamón ibérico es más delgado porque los cerdos están caminando todo el día y sus músculos se fortalecen.

Si vemos un jamón de cerdo blanco y uno ibérico, enseguida apreciamos que el primero es más redondo, mientras que el jamón de mayor calidad tiene la caña más fina y un aspecto más estilizado.

Este mismo detalle se aprecia en las paletillas de calidad, que son algo más pequeñas y también tienen un aspecto delgado. Lejos de ser un inconveniente, es un detalle que merece la pena tener en cuenta porque marca la diferencia.

Atención al color

Todo el mundo identifica una pezuña oscura con un buen jamón. Y es cierto, ya que los cerdos que se alimentan de forma natural y producen los mejores jamones tienen las pezuñas prácticamente negras. Aunque es más importante fijarse en el color de la carne, que debe ser de un tono granate o un rojo fuerte. Algunos jamones tienen un color rosado en la loncha, que es el fruto de una curación poco trabajada. Asimismo, un buen jamón tiene un color más intenso debido al proceso de curado.

La grasa

Un buen jamón debe tener una porción de grasa, ya que su sabor depende en buena medida de ello. La grasa de un buen jamón se separa fácilmente de la carne y prácticamente se derrite, a diferencia de otros jamones que tienen una grasa mucho más blanca y parecida a la goma, que no se funde.

La grasa del jamón, lejos de ser mala, es muy deseable. Su composición es muy parecida a la de otra de nuestras joyas, el aceite de oliva, por lo que puedes disfrutar de un exquisito sabor sin preocupaciones. Esta es una de las razones de la expansión internacional de empresas dedicadas a cuidar del producto como Moniberic, un referente en el sector con presencia en lugares tan distantes como Asia.

Un sabor inconfundible

Una vez que hemos visto su forma, el color y la infiltración de grasa, llega el momento cumbre de este producto. Al probarlo, un buen jamón tiene un sabor que no se puede describir fácilmente. Los matices que tiene dependen de la zona donde se saque la loncha y del corte que se haga. Es bastante intenso, tanto que se mantiene incluso después de que haya pasado algo de tiempo.

El eterno manjar occidental no es ni muy salado ni demasiado soso. De hecho tiene un punto bastante compensado en este sentido porque el buen jamón coge el punto justo de sal, ni más ni menos. Por eso un jamón de calidad no estará nunca salado ni se echará de menos un poco más de sal, sea cual sea nuestro gusto.

Estas 4 pautas son las que mejor nos ayudan a diferenciar un jamón de calidad de uno que no es tan bueno. Lo único que queda es empezar a cortar y disfrutarlo, algo que también tiene su técnica, aunque ese es otro tema.

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